Carta Global
Irán: una acción militar fallida para Estados Unidos
Dr. Santos López Leyva
Tucson, Arizona, 23 de marzo de 2026
El pasado 28 de febrero, el presidente de Estados Unidos decidió iniciar una acción militar contra Irán, un conflicto que, desde su origen, muestra signos de inviabilidad estratégica. En primer lugar, esta decisión se tomó sin la anuencia del Congreso estadounidense, lo que abre un debate sobre la legalidad y legitimidad del uso de la fuerza. Asimismo, la falta de consulta con los aliados de la OTAN —a quienes el propio presidente ha calificado de “cobardes”— evidencia un aislamiento internacional creciente en una coyuntura geopolítica particularmente delicada.
Contrario a lo anunciado como una operación “quirúrgica”, el conflicto ha implicado un número significativo de víctimas civiles, lo que debilita la narrativa oficial y erosiona la legitimidad de la intervención. A casi un mes de su inicio, la prolongación del conflicto comienza a generar costos políticos internos para el presidente. Por un lado, se observa un proceso de fragmentación en su base de apoyo, evidenciado por la renuncia de figuras clave dentro de su equipo de seguridad. Por otro, el contexto electoral agrava los riesgos: en el presente año se renovarán los 435 miembros de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado (33 escaños), lo que incrementa la sensibilidad política ante un conflicto externo prolongado.
En el ámbito económico, los efectos de la guerra ya se hacen sentir en Estados Unidos y en los mercados internacionales. A finales de febrero, el precio de la gasolina más económica rondaba los tres dólares por galón; al 22 de marzo, se ubica en aproximadamente 4.25 dólares, lo que representa un incremento superior al 40%. Este aumento está vinculado al encarecimiento del petróleo, cuyo precio ha oscilado entre los 108 y 119 dólares por barril. De igual forma, el gas natural licuado ha experimentado un aumento considerable en los mercados internacionales, pasando de alrededor de 30 euros por megavatio a más de 68 euros en el mismo periodo. Estas presiones energéticas anticipan un repunte inflacionario con efectos generalizados sobre el conjunto de la economía global.
Desde una perspectiva histórica, la relación entre Estados Unidos e Irán ha estado marcada por episodios de intervención y conflicto. Un antecedente clave es el golpe de Estado de 1953, en el que la CIA contribuyó al derrocamiento del primer ministro Mohammad Mossadegh, quien había impulsado la nacionalización de la industria petrolera. Este evento fortaleció el poder del sha Mohammad Reza Pahlavi, cuyo régimen fue finalmente derrocado en 1979 por la Revolución Islámica liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, dando origen a un sistema político de carácter teocrático. Ese mismo año, el sha se exilió en México, donde residió temporalmente en la ciudad de Cuernavaca.
En el plano político-institucional, la administración estadounidense enfrenta ahora la necesidad de solicitar al Congreso recursos adicionales —estimados en 200 mil millones de dólares— para financiar el esfuerzo bélico, así como la eventual autorización para el despliegue de tropas. Este escenario evoca experiencias históricas como la guerra de Vietnam o la intervención en Afganistán, donde la escalada progresiva de recursos y efectivos no condujo a una resolución favorable. La historia sugiere que las guerras asimétricas, particularmente en regiones con profundas raíces culturales y geopolíticas, tienden a prolongarse más allá de las previsiones iniciales.
En los mercados financieros, el comportamiento reciente también resulta atípico. Tradicionalmente, en contextos de incertidumbre, los inversionistas tienden a refugiarse en activos seguros como los bonos del Tesoro estadounidense. Sin embargo, esta vez se observa una respuesta más cautelosa, lo que podría explicarse por dos factores: la expectativa de un conflicto prolongado y el elevado nivel de endeudamiento público de Estados Unidos, que actualmente se sitúa en torno al 120–125% del PIB. Este contexto introduce dudas sobre la sostenibilidad fiscal en el mediano plazo.
No obstante, más allá de los efectos económicos y financieros, el costo más profundo podría situarse en el ámbito institucional. La erosión de los mecanismos democráticos, las tensiones sociales internas y el debilitamiento del consenso político representan riesgos estructurales para la estabilidad del país. En este sentido, el conflicto con Irán no solo plantea un desafío externo, sino también una prueba crítica para la fortaleza de la democracia estadounidense.
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Santos López Leyva es doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México en el área de Economía de la Ciencia y la Tecnología. Profesor de la Facultad de Economía y Relaciones Internacionales de la UABC desde febrero de 2009. Imparte cursos Teorías Alternativas de Desarrollo e Introducción al Desarrollo Global en el programa de Maestría y Doctorado en Estudios del Desarrollo Global y Economía de la Educación e Historia Económica en el Doctorado y Maestría en Ciencias Económicas. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel III, cuenta con el reconocimiento del Perfil Deseable PRODEP de la Secretaría de Educación Pública y es Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. Actualmente, funge como coordinador del comité académico de Economía Internacional de la AMEI. Email: slleyva@uabc.edu.mx
