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Carta Global
Alentar la competitividad. Tarea pendiente de América Latina
Dr. Santos López Leyva
1 de julio de 2026
Durante décadas la competitividad de los países se midió principalmente a través de variables económicas. Sin embargo, en un entorno internacional marcado por tensiones geopolíticas, disputas comerciales y transformaciones tecnológicas aceleradas, la competitividad ha dejado de ser únicamente una cuestión de crecimiento e inversión para incorporar dimensiones relacionadas con la seguridad y los valores institucionales.
Existen organismos internacionales interesados en medir los niveles de competitividad de las naciones, los dos principales son el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) y el Instituto Internacional para la Administración del Desarrollo (IMD, por sus siglas en inglés). En el caso del WEF ha basado los estudios de la competitividad en doce pilares: instituciones, infraestructura, ambiente macroeconómico, salud y educción primaria, educación superior y capacitación, mercado de bienes y servicios, mercado laboral, mercado financiero, adaptación de tecnologías, tamaño del mercado, sofisticación de los negocios e innovación.
Por otra parte, el IMD establece que, en la actualidad, la competitividad no está sustentada solo en factores económicos, sino que se apalanca en tres vértices: a) eficiencia y apertura económica, b) alineamiento en la seguridad y c) valores políticos. Ninguna de estas dimensiones puede considerarse de forma aislada.
En el vértice de la economía se deben atender el comercio, la inversión y la innovación, variables que cada vez presentan mayores regulaciones y dependencia institucional, las tres dependen de la solidez de los marcos normativos e institucionales; las inversiones acatan a tratados, mecanismos de solución de controversias; en tanto que, la innovación depende de la fortaleza de los sistemas de protección de la propiedad intelectual, la formación del capital humano y la colaboración institucional entre organismos encargados de la ciencia y la tecnología.
El segundo vértice se refiere a la seguridad, este factor tiene una función activa en las firmas de tratados y acuerdos comerciales, el gasto en defensa orientado a proteger la inversión y la capacidad productiva constituye un componente cada vez más relevante, al igual que los mecanismos institucionales destinados a garantizar la seguridad de los capitales. Los mecanismos seguros y claros para solución de controversias fortalecen la competitividad de las regiones.
En el tercer vértice se encuentran los valores que entran en juego en la conformación de los colectivos sociales, las creencias de las poblaciones, la forma en que se organizan las sociedades, transmiten y procesan las ideas, contemplaciones, argumentos y participan en los fines de la vida colectiva. Hoy las métricas de la competitividad internacional han cambiado, no son solo ingresos, cocientes, déficits, aranceles y capitales.
En este marco, en fecha reciente el IMD a través del Centro de Competitividad Global publicó el ranking de competitividad global de los países, el cual se compone de cuatro apartados: 1) comportamiento económico, 2) eficiencia del gobierno, 3) eficiencia de los negocios e 4) infraestructura.
En el presente trabajo se hace una revisión del comportamiento de países de América Latina en este ranking, el cual en 2026 evalúa a 70 países a nivel mundial, ocho de ellos son de América Latina, donde el mejor ubicado es Chile que aparece en el lugar 43, la ubicación más baja es Venezuela, en el lugar 70, que es el último lugar, en promedio, la región se ubica entre el lugar 58 y 59; es decir se ubica en el cuarto cuartil; solo Chile y Puerto Rico están en el tercer cuartil.
En las cuatro dimensiones que mide el ranking, el comportamiento económico es la de mejor ubicación en el lugar 50; donde sobresale Brasil en el lugar 36. La dimensión de peor comportamiento es eficiencia del gobierno en la posición 59, donde la mejor ubicación la presenta Chile, en el lugar 24; pero, en general, los países en este indicador aparecen más allá del lugar 60; así Perú está en 60; Argentina, 65; México, 67; Colombia, 68; Brasil, 69 y Venezuela 70. Donde los peores indicadores estuvieron en legislación para los negocios y estructura social, ambos en el lugar 61.
Al realizar una revisión de los últimos cinco años, la región, en promedio, ha perdido tres puntos de competitividad, al aparecer en el lugar 56 en 2022 y brincar hasta el 59 en 2026. En esta versión, también el comportamiento económico fue el mejor, aunque perdió dos puntos, pues del lugar 47 brincó al lugar 49. En contraste, la eficiencia del gobierno, la mayor perdedora, pasando del lugar 55 en 2022 al 60 en 2026, perdiendo cinco posiciones.
Este desempeño sugiere que la principal limitación competitiva de América Latina ya no radica exclusivamente en sus capacidades productivas, sino en la calidad de sus instituciones públicas, la estabilidad regulatoria y la capacidad de los gobiernos para generar entornos favorables para la inversión y la innovación.
América Latina enfrenta el desafío de fortalecer simultáneamente su desempeño económico, la calidad de sus instituciones y la cohesión social. En un contexto internacional donde la competitividad depende cada vez más de la interacción entre economía, seguridad y valores, los países de la región no solo requieren crecer más rápido, sino también construir marcos institucionales más sólidos, sociedades más cohesionadas y entornos capaces de generar confianza para la inversión, la innovación y el desarrollo de largo plazo.
