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Carta Global
América Latina en la trampa del crecimiento
Dr. Santos López Leyva
15 de junio de 2026
En 2024, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) dio a conocer el documento: América Latina y el Caribe ante las trampas del desarrollo, en el cual menciona tres limitantes que vienen a entorpecer el desarrollo de la región; 1) la baja capacidad para crecer; 2) elevada desigualdad y los bajos niveles de movilidad y cohesión sociales, 3) capacidades institucionales débiles y gobernanza poco efectiva. En la presente colaboración solo se considera la baja capacidad de crecimiento que afecta a la región.
Durante la década de 1980, marcada por la crisis de la deuda externa, América Latina creció a una tasa promedio anual de 2.3%. En los años noventa, a pesar de la crisis mexicana de 1994, la región alcanzó un crecimiento promedio de 2.9%. Entre 2000 y 2009, periodo que culminó con la Gran Recesión, la expansión fue de 3.0%; mientras que entre 2010 y 2019 descendió a 1.9%. Finalmente, entre 2015 y 2024 el crecimiento promedio apenas alcanzó 0.9%.
El informe del Banco Mundial de junio de 2026 predice un crecimiento de la economía global del 2.5% para este año, cuatro décimas inferiores al observado en 2025, esto por la guerra de Irán, la cual ha subido los precios, sobre todo, de los combustibles. Para América Latina se predice una cifra del 2.2%, donde las dos economías de mayor tamaño Brasil, y México se espera que crezcan al 1.9% y 1.3%, respectivamente, ambos por debajo del promedio de la región y lejos del promedio mundial.
Múltiples son los factores que influyen en el bajo crecimiento de Latinoamérica, entre ellos se cuentan: 1) baja cobertura y calidad de la educación y en general, bajas habilitaciones de la fuerza laboral; 2) infraestructura insuficiente; 3) debilidades institucionales; 4) carencia de diversificación económica; 5) alto grado de desigualdad; 6) alta dependencia de recursos naturales; 7) frecuente presencia e incidencia de desastres; 8) sesgo contractivo de las políticas de estabilización, 9) baja tasa de inversión. Es importante agregar un décimo factor, la persistencia de problemas de eficiencia en la gestión pública, burocracias sobredimensionadas en algunos países y prácticas de asignación ineficiente de recursos públicos.
América Latina debe recuperar la capacidad para crecer, para ello es necesario: 1) lograr el crecimiento de la productividad; 2) aumentar la inversión pública y privada, y 3) aumentar la cantidad y calidad de su capital humano.
Los estudios de la productividad han sido prolíficos, desde la obra de David Ricardo de 1817, pasando por la teoría del crecimiento exógeno de Robert Solow de 1957 y el crecimiento endógeno de Lucas y Romer de finales de la década de los ochenta, en todos los casos el incremento en la productividad está ligado al progreso tecnológico, a la acumulación de conocimiento y a la adquisición de capacidades. En la historia del comportamiento de la productividad de América Latina, la región superaba la tasa de promedio de productividad laboral de Estados Unidos hasta antes de 1982, cuando aparece la crisis de la deuda, a partir de ese año la región ha experimentado un proceso de divergencia con respecto a Estados Unidos. La productividad del trabajo en la región se aleja cada vez más de la productividad laboral del país del norte. La baja productividad de los factores se convierte en una barrera para el crecimiento económico de la región. La evidencia histórica muestra que las economías que han logrado cerrar brechas de ingreso con los países desarrollados lo han hecho a través de incrementos sostenidos de productividad. En consecuencia, la principal tarea económica de América Latina consiste en elevar la productividad del trabajo y de los factores productivos mediante innovación, incorporación tecnológica y acumulación de capacidades.
Es indudable que la inversión manifiesta un efecto multiplicador sobre la producción, lo cual se expresa en crecimiento de la actividad económica que redunda en la formación bruta de capital fijo. La disminución de la inversión en la región desde los años 90s ha tenido un impacto adverso en los acervos de capital, la productividad y el crecimiento. Inversión y crecimiento son dos variables con influencia recíproca, para que haya crecimiento se requiere inversión, y al haber mayor crecimiento aumentará la inversión. La relación entre inversión y PIB en 2023, con datos de CEPAL, era la siguiente, promedio mundial, 26.6%; economías avanzadas, 22.7%; economías en desarrollo 32.7% y América Latina. 19.5%, la cual constituye una cifra lejana de la observada por los países en vías de desarrollo.
Desde la aparición de La Riqueza de las Naciones de Smith en 1776, se ha asumido que la educación y la adquisición de habilidades son ampliamente reconocidas como factores asociados al crecimiento y al mejoramiento de la economía. Múltiples autores como Mincer, Schultz, Romer, Lucas, Becker, Mankiw, Patrinos, etc. han aportado evidencia en esta dirección. América Latina debe mejorar sus indicadores en el campo del capital humano, tales como escolaridad promedio de los trabajadores e incrementar los puntajes obtenidos en las pruebas TIMSS, PISA y PIAAC.
Aunque el crecimiento económico no garantiza por sí mismo el desarrollo, la experiencia internacional demuestra que ningún país ha logrado reducir de manera sostenida la pobreza, ampliar las oportunidades sociales o fortalecer el bienestar de su población sin un proceso prolongado de expansión económica. La verdadera trampa de América Latina no es únicamente crecer poco, sino acostumbrarse a crecer poco. Romper esa inercia exige elevar la productividad, aumentar la inversión y fortalecer el capital humano como pilares de una nueva estrategia de desarrollo.
