
Imagen: Inteligencia artificial (IA)
Carta Global
La inteligencia artificial y la sexta onda de Kondratieff
Dr. Santos López Leyva
Jueves, 15 de octubre de 2026
Una herramienta teórica para explicar el comportamiento del capitalismo en el largo plazo es el enfoque de las ondas largas, conocidas como ondas de Kondratieff, en reconocimiento al economista ruso Nikolái Kondratieff, quien desarrolló una de las primeras investigaciones sistemáticas sobre las fluctuaciones económicas de larga duración.
En 1922, Kondratieff publicó un trabajo sobre la economía mundial y sus fluctuaciones. Posteriormente, profundizó en el estudio de los movimientos de larga duración mediante el análisis de variables como los precios al mayoreo, las tasas de interés y la producción de bienes básicos, entre ellos el carbón y el acero. Sus investigaciones utilizaron información histórica de países como Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania y Francia, así como técnicas estadísticas para identificar movimientos de largo plazo.
Más tarde, Joseph Schumpeter incorporó la innovación tecnológica a la explicación de las fluctuaciones del capitalismo. Desde esta perspectiva, las innovaciones no aparecen de manera aislada, sino que tienden a agruparse y difundirse, provocando transformaciones en los procesos productivos, las estructuras empresariales y los mercados.
Freeman y Pérez (1988) profundizaron en esta interpretación al relacionar las ondas largas con los cambios tecnológicos, económicos e institucionales. De acuerdo con una periodización aproximada de las revoluciones tecnológicas, pueden distinguirse cinco grandes etapas.
La primera onda, entre 1770 y 1830, estuvo caracterizada por la mecanización temprana, particularmente en la industria textil del algodón, y por la participación de inventores individuales, muchos de ellos artesanos.
Aproximadamente de 1830 a 1880 se desarrolló la segunda onda, entre, se sustentó en la expansión de los ferrocarriles, la navegación a vapor y el desarrollo de la industria siderúrgica, impulsando la industrialización y la ampliación de los mercados.
La tercera onda, de 1880 a 1930, tuvo como principales tecnologías la electricidad, la industria química y el motor de combustión interna. Durante este periodo avanzaron la urbanización, el transporte moderno y las bases de la producción en masa.
La cuarta, entre 1930 y 1970, se apoyó en el petróleo, el automóvil, los electrodomésticos y la producción industrial a gran escala. En esta etapa se consolidó el liderazgo económico de Estados Unidos y, particularmente después de la Segunda Guerra Mundial, se desarrolló la llamada edad de oro del capitalismo.
La quinta onda, situada aproximadamente entre 1970 y las primeras décadas del siglo XXI, estuvo impulsada por la microelectrónica, la informática, las telecomunicaciones e internet. Se trata de la revolución digital, caracterizada por la expansión de los servicios, la reorganización empresarial y la formación de nuevas cadenas globales de valor.
Estas periodizaciones no constituyen fechas exactas ni existe consenso absoluto sobre su duración. Sin embargo, ofrecen un marco interpretativo para comprender las relaciones entre innovación tecnológica y transformación económica.
En este contexto surge una interrogante: ¿el avance de la inteligencia artificial (IA) representa el inicio de una sexta onda larga del capitalismo o constituye una nueva etapa de la revolución digital?
Una nueva onda de crecimiento
Las tecnologías sustentadas en la IA presentan tres características que permiten considerarlas tecnologías de propósito general: a) amplia aplicabilidad; b) capacidad de mejoramiento continuo, y c) capacidad para generar nuevas innovaciones.
Su amplia aplicabilidad se manifiesta en numerosos sectores de la economía y en actividades científicas, educativas, culturales y sociales. La IA puede elevar la productividad del trabajo, mejorar los procesos administrativos, acelerar la investigación científica y transformar los mecanismos de producción y distribución. No obstante, sus efectos macroeconómicos todavía no se manifiestan plenamente.
La IA puede impulsar una nueva revolución tecnológica mediante la transformación de las posibilidades técnicas de producción. Asimismo, puede contribuir a la conformación de un nuevo paradigma tecnoeconómico, caracterizado por cambios en la organización empresarial, las estructuras productivas, las relaciones comerciales, los puestos de trabajo y las habilidades requeridas para desempeñarlos. También puede modificar los patrones de inversión, acumulación de capital y distribución del ingreso.
Sin embargo, conviene distinguir entre una revolución tecnológica y una onda larga de crecimiento. La primera supone transformaciones profundas en las tecnologías y los procesos productivos; la segunda requiere que esas innovaciones se difundan ampliamente y produzcan incrementos sostenidos de productividad y crecimiento económico durante varias décadas.
En esta transformación tecnológica se observa una competencia por el liderazgo entre Estados Unidos y China, aunque otros países también participan mediante la especialización en determinados segmentos de las cadenas de valor, como los semiconductores, los equipos de fabricación, la infraestructura digital y el desarrollo de nuevas aplicaciones.
La inteligencia artificial reúne varias de las características necesarias para convertirse en una tecnología impulsora de una nueva etapa del capitalismo. Sin embargo, el surgimiento de una revolución tecnológica no garantiza automáticamente una fase prolongada de crecimiento. Para ello se requiere que sus beneficios se difundan hacia el conjunto de la estructura productiva, se acompañen de transformaciones institucionales y se traduzcan en incrementos generalizados de productividad.
Por tanto, todavía es prematuro afirmar que ha comenzado una sexta onda de Kondratieff. La hipótesis es plausible, pero su confirmación dependerá de la evolución de la productividad, la inversión, la innovación y la difusión tecnológica durante los próximos años.
Efectos para los países de América Latina
La transformación digital y la incorporación de la IA en los procesos productivos y sociales pueden contribuir a superar las tres trampas del desarrollo identificadas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL): la baja capacidad para crecer, la elevada desigualdad y la limitada movilidad social, y las débiles capacidades institucionales y de gobernanza.
La IA ofrece oportunidades para dinamizar la productividad, mejorar la prestación de servicios públicos, ampliar el acceso al conocimiento y fortalecer las capacidades institucionales. Sin embargo, aprovechar estas oportunidades exige transformaciones en los sistemas productivos, educativos y científicos de la región.
Uno de los principales problemas es la insuficiente inversión. Según información de la CEPAL, en 2023 América Latina concentró solamente el 1.56 % del gasto mundial en IA, equivalente a unos 2,600 millones de dólares, una participación considerablemente inferior a su peso en la economía mundial.
Otro obstáculo es la desigual capacidad de adopción entre empresas y sectores. Las grandes empresas cuentan generalmente con mayores recursos financieros, infraestructura digital y personal especializado, mientras que las pequeñas y medianas empresas enfrentan mayores dificultades para incorporar estas tecnologías.
En cuanto a las aplicaciones, destacan los servicios financieros, donde la IA se utiliza para evaluar riesgos, detectar fraudes, automatizar la atención y personalizar productos. También existen aplicaciones en la industria manufacturera, la agricultura, la minería, la salud, la educación y el comercio. Sin embargo, su difusión continúa siendo heterogénea.
La región ha avanzado principalmente en el uso de la IA para mejorar procesos existentes, mientras que su incorporación para transformar estructuras productivas, desarrollar nuevas industrias y generar capacidades tecnológicas propias enfrenta mayores obstáculos.
Por ello, el desafío latinoamericano no consiste solamente en aumentar el número de usuarios de IA, sino en desarrollar capacidades para producir, adaptar y aprovechar estas tecnologías. Esto requiere inversión en investigación y desarrollo, formación de capital humano, infraestructura digital, fortalecimiento institucional y políticas de desarrollo productivo.
La posible sexta onda de Kondratieff abre oportunidades, pero también plantea el riesgo de profundizar las brechas tecnológicas y económicas entre países. La historia de las revoluciones industriales muestra que sus beneficios no se distribuyen de manera automática ni uniforme.
Referencias
Freeman, C., y Perez, C. (1988). Structural crises of adjustment, business cycles and investment behaviour. En G. Dosi et al. (Eds.), Technical Change and Economic Theory. Pinter Publishers.
